jueves, 27 de diciembre de 2012

Aprender a amarse a uno mismo: ¿Buscar amor o aprobacion?

 "La propia-estima no puede ser verificada por los demás. Tú vales porque tú dices que es así. Si dependes de los demás para valorarte, esta valorización estará hecha por los demás."



Puede ser que tengas una enfermedad social, una enfermedad que no se pueda curar con una simple inyección. Es muy probable que te haya infestado el virus del desprecio a ti mismo; y el único remedio conocido para esto es una buena dosis masiva de amor propio, o amor a ti mismo. Pero quizá, como mucha gente en nuestra sociedad, tú has crecido con la idea de que está mal amarse a sí mismo. Piensa en los demás, nos dice la sociedad. Ama a tu prójimo, nos predica la Iglesia. Lo que nadie parece recordar es lo de ámate a ti mismo, y sin embargo es eso precisamente lo que vas a tener que aprender para lograr tu felicidad en el momento-presente.

De niño aprendiste que amarte a ti mismo, algo natural en aquel entonces, era lo mismo que ser egoísta y consentido. Aprendiste a pensar en los demás antes que en ti mismo, a darles mayor importancia porque de esa manera demostrabas que eras una "buena" persona. Aprendiste a anularte y te alimentaron con conceptos como el de "debes compartir tus cosas con tus primos". No importaba que fueran las cosas que más querías, tus tesoros personales, o que ni papá ni mamá pudieran no estar compartiendo sus juguetes de adultos con los demás. Incluso puede que te hayan dicho a menudo que "los niños callan cuando hablan los adultos" y que "debes saber cuál es tu lugar".

Los niños se consideran hermosos e importantes por naturaleza, pero al llegar a la adolescencia los mensajes de la sociedad ya han echado raíces. La desconfianza en sí mismos está en pleno apogeo. Y con el pasar de los años esta sensación recibe constantemente refuerzos. Después de todo no debes andar por el mundo amándote a ti mismo. ¡Qué pensarán de ti los demás!

Las indirectas son sutiles y la intención que las alienta no es mala, pero logran mantener a raya al individuo. Empezando con los padres y la familia y siguiendo con el colegio y los amigos, el niño aprende estos encantadores modales sociales que son como la marca de ley del mundo de los adultos. Los niños nunca actúan así entre ellos a menos que sea para darles gusto a los mayores. Que digan siempre por favor y gracias, que hagan una venia, que se levanten cuando entra un adulto en la habitación, que pidan permiso para levantarse de la mesa, que aguanten las eternas caricias en las mejillas y las sobadas de cabeza de los adultos. El mensaje es muy claro: los adultos son importantes; los niños no cuentan. Los demás tienen importancia; tú eres insignificante. No te fíes de tu propia opinión era el corolario número uno, y había un enorme paquete de refuerzos que venían bajo el título de "buena educación". Estas reglas encubiertas por la palabra "modales" te ayudaban a internalizar los juicios de los demás a expensas de tus propios valores. No es sorprendente pues que estas mismas preguntas y dudas, estas mismas definiciones que te niegan como persona persistan en la madurez. ¿Y cómo logran introducirse estas dudas de uno mismo? Quizá tengas problemas en el importante tema de amar al prójimo.

Pero el amor a los demás está relacionado directamente con el amor que te tienes a ti mismo.

No tenés nada que demostrarle a las mujeres, ni a los hombres, ni a nosotros: no mejores en esto ni en nada de tu vida para quedar bien con alguien. No busques la aprobación de los demás. Nunca vas a obtener el asentimiento de todo el mundo y solo va a traer frustración a tu vida. A nadie le atrae la gente que se desvive por quedar bien. Ese tipo de acciones subcomunican bajo valor social. Cuando realices algo bueno por otra persona, hacelo para hacerla sentir bien, no para que te quiera más o para recibir algo a cambio.

Agregale valor a la vida de los demás: esto está vinculado con lo expresado anteriormente y es muy importante que lo asimiles en tu vida. Los hombres que sienten que tienen abundancia (de confianza, de felicidad, de dinero, o de lo que sea) en su vida por lo general tienden a dar sin esperar nada a cambio. Es una actitud atractiva y sabia.

La mayoría de los hombres inseguros actúan buscando aprobación de los demás, esperando que sean los otros los que los validen, que les den permiso, que los hagan sentir bien y que llenen ese vacío interior que les deja no sentirse a gusto siendo lo que son. ¿Recordás alguna vez en que le regalaste algo a tu pareja y te enojaste porque ella no te agradeció de la manera en que esperabas que lo hiciera, porque o no tuvo el mismo gesto con vos? ¿Recordás alguna ocasión en la que dijiste un chiste y te sentiste mal porque no fue recibido con risas?

Seguramente te acordás de más situaciones donde no recibir lo que dabas te hizo sentir frustrado e inseguro, y tal vez hasta deprimido. Esa actitud es repulsiva. Los hombres más atractivos se acercan a la gente desde un lugar diferente. Sus acciones no buscan una respuesta que los haga sentir mejor con ellos mismos, puesto que ya se sienten de esa manera. Lo único que quieren es compartir eso con el resto del mundo. Por eso, no son propensos a mentir para evitar un rechazo o para adaptarse a cada mujer que encuentran, fingiendo ser alguien que no son.

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